Split, Croatia
Roman ruins, beaches, islands, seafood
Old Town, Split
La ciudad vieja de Split no está al lado de unas ruinas romanas, está dentro de ellas. Las cuatro puertas del palacio siguen ordenando el callejero y unas 3.000 personas viven y trabajan entre sus muros. Empiezas con un café tranquilo en una calle lateral, cruzas el Peristilo cuando la piedra todavía está fresca y bajas a los sótanos abovedados. Antes de comer subes al campanario. Por la tarde no hay plan, solo la Riva, un helado y el ir y venir del puerto.
Zapato plano y con suela que agarre. El mármol de las calles lleva diecisiete siglos puliéndose con las pisadas y resbala más de lo que parece. Para entrar en la catedral hay que llevar hombros y rodillas cubiertos, así que mete una camiseta ligera en la mochila. La entrada combinada (catedral, campanario, cripta y el antiguo templo de Júpiter) sale mejor que pagar cada cosa por separado. Ve a los sótanos y a la catedral antes de las once, que es cuando descargan los cruceros. En agosto lleva botella, hay fuentes públicas dentro del casco antiguo. En Bokeria reserva con un par de días. En Villa Spiza no se reserva y se hace cola, así que llega pronto o cuenta con esperar.
Todo a pie y casi sin distancias. Del Peristilo a la catedral hay treinta pasos y a la Riva, dos minutos. La única subida del día es la del campanario, por una escalera estrecha y abierta por los lados. Si llegas en coche, déjalo en los aparcamientos del puerto o junto al mercado, porque dentro de las murallas no se entra con vehículo.
Aquí el café no es una bebida, es una cita. La gente se sienta hora y media con una taza y nadie mira el reloj, y a última hora de la tarde media ciudad baja a pasear por la Riva. Konoba es la palabra clave del viaje. Era la bodega fresca de la casa, donde se guardaban el vino y las conservas, y hoy nombra a la taberna de siempre, con carta corta y pescado del día. Si alguien te dice que estás en fjaka, tómalo como un elogio; es el sopor feliz de las tardes de agosto y en Dalmacia se defiende como una virtud.
D16 Coffee
Cafetería de especialidad en una calle lateral del palacio, con tueste propio y un local minúsculo.
Diocletian's Palace
Residencia fortificada que el emperador Diocleciano se hizo construir junto al mar para su retiro, y que hoy es el casco antiguo de Split.
Cathedral of St. Domnius
La catedral de Split ocupa el mausoleo octogonal que Diocleciano se construyó dentro de su propio palacio.
Villa Spiza
Konoba diminuta a dos pasos del mercado verde, con la cocina a la vista y una pizarra por toda carta.
Riva waterfront
Paseo marítimo de palmeras que recorre la fachada sur del palacio, entre el puerto y el casco antiguo.
Bokeria Kitchen & Wine Bar
Restaurante y bar de vinos de cocina mediterránea actual, a una calle de la Riva.
Marjan, Split
Marjan es la península de pinar que cierra Split por el oeste y funciona como el parque de la ciudad. Se sube por las escaleras de Varoš, el barrio de pescadores pegado a la muralla, que es la parte más bonita y menos pisada del casco antiguo. Arriba te espera un café con toda la ciudad a los pies. Después viene el sendero de la cresta, con las ermitas medievales colgadas de la roca, y una hora larga en la galería de Meštrović antes de bajar al agua. La tarde es entera para Kašjuni.
Sube temprano. A partir de las once el sendero da poca sombra y en agosto el calor pega fuerte en la piedra. Lleva dos litros de agua por persona, gorra y calzado cerrado, porque las agujas de pino resbalan en las cuestas. Para la playa, escarpines o chanclas de goma, que los cantos rodados de Kašjuni queman al mediodía y hacen daño al entrar. La galería y el Kaštelet entran con el mismo billete, así que guarda el resguardo. Las hamacas de la cala se agotan pronto, y si llegas después de las dos cuenta con toalla y una roca plana. Para Fetivi, llama por la mañana; el comedor es diminuto.
Desde el centro hasta el mirador hay unos veinte minutos, casi todos de escalera. Del mirador a la galería se baja por una carretera con acera y sombra, otros veinticinco minutos. A Kašjuni se sigue por la misma costa un cuarto de hora más, o se toma el autobús que sube a Marjan desde la Riva. Para volver de noche, taxi o autobús, porque el camino del bosque no tiene alumbrado.
El pinar no es natural. Marjan era roca casi pelada y lo repoblaron los propios vecinos desde finales del siglo XIX, organizados en una sociedad ciudadana fundada en 1903 para plantar y cuidar el monte. Por eso lo tratan como un jardín propio y verás carteles pidiendo silencio y nada de fuego. En la playa, toalla y poco más es la norma, y la sobremesa larga con un spritz forma parte del plan, no es tiempo perdido. Si oyes klapa, el canto masculino a varias voces y sin instrumentos, párate a escuchar. Es de aquí y está reconocido por la UNESCO.
Teraca Vidilica
Café con terraza en el primer mirador de Marjan, justo donde terminan las escaleras del barrio de Varoš.
Marjan Hill
Península de pinar que cierra Split por el oeste, protegida como parque forestal, con la cima del Telegrin a 178 metros.
Ivan Mestrovic Gallery
La villa que Ivan Meštrović se construyó frente al mar en Split, hoy museo de su obra.
Joe's Beach Lounge Bar
Bar y restaurante de playa en la cala de Kašjuni, bajo los acantilados del sur de Marjan.
Kasjuni Beach
Cala de cantos rodados en la costa sur de Marjan, con la mejor agua que hay cerca del centro de Split.
Konoba Fetivi
Konoba familiar en el barrio de Varoš, con carta corta de pescado y guisos dálmatas.
Trogir, Croatia
Trogir es una isla pequeña metida entre el continente y Čiovo, con un casco antiguo de piedra que apenas ha cambiado desde que mandaba Venecia. Se recorre entero en veinte minutos, así que el día va sobrado y puedes ir despacio. La mañana es para la catedral y su portal, luego la fortaleza junto al mar. A partir de la comida el plan se disuelve en el paseo, el helado y la terraza frente al canal.
Sal de Split pronto. A media mañana llegan los autocares y la plaza de la catedral se llena. Para subir al campanario, calzado cerrado y nada en las manos, porque los últimos tramos son escaleras abiertas y muy estrechas. Hombros cubiertos para entrar en la catedral. La entrada de la catedral y la de la fortaleza se pagan por separado. Si vas a comer pescado, mira el precio por kilo antes de elegir la pieza y pídelo a la brasa (na gradele). Sombrero y agua. La piedra blanca refleja el sol de agosto y se nota en la cabeza.
El barco de Bura Line sale de la Riva de Split y tarda alrededor de una hora, pegado a la costa de Kaštela. Es la manera bonita de llegar, pero es estacional y depende del viento, así que confirma el horario de vuelta el mismo día. La alternativa es el autobús interurbano desde la estación de Split o la línea 37, la del aeropuerto, que también para en Trogir y sale a todas horas. Dentro de Trogir todo se hace andando.
A Trogir la fundaron colonos griegos de Issa en el siglo III antes de Cristo con el nombre de Tragurion, y desde entonces no ha dejado de estar habitada. Los cuatro siglos venecianos son los que se ven a simple vista: el león de San Marcos, las ventanas góticas y el nombre italiano de la ciudad, Traù, que aparece en los mapas antiguos. Fíjate en los patios interiores con pozo, que era el único modo de tener agua dentro de las murallas. Y si cenas tarde, verás a medio pueblo dando vueltas por la Riva. Ese paseo es la vida social real del sitio, más que cualquier bar.
Bura Line boat to Trogir
Barco de pasajeros que une la Riva de Split con Trogir en temporada, bordeando la bahía de Kaštela.
Cathedral of St. Lawrence
Catedral románico-gótica de Trogir, en la plaza mayor, conocida por el portal tallado de su fachada oeste.
Kamerlengo Fortress
Fortaleza veneciana del siglo XV en la punta oeste de la isla de Trogir, al borde del agua.
Konoba Trs
Konoba de piedra y madera en una calle interior de Trogir, con un patio cubierto por una parra.
Trogir Riva
Paseo marítimo del flanco sur de la isla de Trogir, frente al canal y al puente de Čiovo.
Restaurant Concordia
Restaurante de pescado en la Riva de Trogir, en un edificio de piedra del casco antiguo.
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