San Sebastian, Spain
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Parte Vieja, San Sebastian
Primera mañana en Donostia, así que empieza sin prisa. La pastelería Otaegui lleva en la misma esquina desde 1886 y su pantxineta, hojaldre con crema de almendra, pide un café corto antes de mirar siquiera el mapa. De ahí hay doce minutos llanos hasta La Concha, donde el paseo dibuja la curva entera de la bahía junto a la barandilla blanca que sale en media España en forma de postal. A media mañana toca subir al Urgull, el monte arbolado que separa la bahía del casco viejo, con el Sagrado Corazón y las ruinas del castillo de la Mota arriba. Bajas a comer a La Cuchara de San Telmo, que no tiene pintxos en barra sino cocina a la vista, y la carrillera al vino tinto explica la cola de la puerta. La tarde es para perderse a propósito por la Parte Vieja y la Plaza de la Constitución, con los balcones todavía numerados de cuando la plaza era coso taurino. Al caer el sol llega el txikiteo: un bocado, un txakoli y a la barra siguiente. Gandarias, Néstor y Txepetxa son buen esqueleto para la ruta.
Todo el día se hace andando y ningún salto pasa de un cuarto de hora. El Urgull sí tiene pendiente de verdad, así que si alguien del grupo va más despacio, calcula tiempo de sobra; hay bancos por el camino para parar. Dentro de la Parte Vieja las calles son estrechas y casi todo es peatonal, de modo que puedes guardar el móvil y seguir el ruido hasta la siguiente barra.
Lo de los pintxos tiene sus reglas y son fáciles: los palillos se dejan en el plato, porque con ellos te hacen la cuenta al final. En el casco viejo las cocinas del mediodía cierran hacia las 15:30, por eso el plan te tiene callejeando y no comiendo a media tarde. Y si a las ocho ves una barra vacía, no desconfíes, aquí se sale más tarde y el ambiente arranca cerca de las nueve.
Pasteleria Otaegui
Pastelería y cafetería del centro de Donostia, con las vitrinas llenas de dulces vascos, tartas y pastas que se venden por pieza.
La Concha Beach
La playa urbana de Donostia, una media luna de arena dentro de una bahía protegida, con paseo y barandilla blanca de punta a punta.
Monte Urgull
Monte arbolado de poco más de cien metros que cierra la Parte Vieja por el norte, hoy parque público con senderos, miradores y el castillo de la Mota en la cima.
La Cuchara de San Telmo
Bar de pintxos diminuto en la calle 31 de Agosto, detrás del museo San Telmo, donde todo se pide a la cocina y sale hecho al momento.
Parte Vieja
El casco viejo de Donostia, una retícula de calles estrechas al pie del Urgull, con iglesias, plazas y una densidad enorme de barras.
Pintxos crawl
El txikiteo de la Parte Vieja, que consiste en recorrer varias barras seguidas tomando un pintxo y una bebida en cada una en lugar de cenar sentado en un solo sitio.
Monte Igueldo, San Sebastian
Hoy toca el lado oeste de la bahía. Empiezas en Ondarreta, la más tranquila de las dos playas urbanas, con tiempo para un baño corto antes de que apriete el sol. De ahí, el funicular del Igueldo sube en unos minutos hasta el viejo parque de atracciones de la cima, que es donde se hace la foto clásica de La Concha con la isla de Santa Clara en medio. Vuelves al nivel del mar para el Peine del Viento, las tres piezas de acero de Chillida clavadas en la roca, y comes al lado, en Branka, con el Cantábrico debajo del ventanal. Por la tarde cruzas la ciudad hasta Gros. Zurriola es otra playa distinta, abierta, con olas y gente con tabla a cualquier hora. La noche se queda en el barrio, con los pintxos de Bergara en vez de volver al casco viejo.
De Ondarreta a la base del funicular hay cinco minutos andando, y del funicular al Peine del Viento otros diez por el paseo, así que la mañana entera se resuelve a pie. El salto a Gros es el tramo largo del día, unos cuarenta minutos caminando por La Concha y el Boulevard o diez en autobús urbano. Si lo haces andando, cruza por el puente del Kursaal y aparecerás justo en la esquina de la playa.
Gros es el barrio al que sale la gente de aquí, y sus barras se llenan más tarde que las de la Parte Vieja. El txakoli se escancia desde alto para que coja aguja y se sirve en vaso pequeño, para beberlo frío y de una vez. Chillida era donostiarra y eligió esas rocas a propósito, por eso el Peine del Viento se entiende mejor con el mar movido que en un día plano de agosto.
Ondarreta Beach
La playa del extremo oeste de la bahía, bajo el monte Igueldo, separada de La Concha por el promontorio del Pico del Loro.
Monte Igueldo
El monte que cierra la bahía por el oeste, con un funicular histórico, un parque de atracciones de otra época y el mirador clásico sobre La Concha.
Peine del Viento
Tres esculturas de acero de Eduardo Chillida ancladas en las rocas del final de Ondarreta, sobre una explanada de piedra abierta al mar.
Branka
Restaurante con comedor de cristal en el paseo Eduardo Chillida, al final de Ondarreta y justo encima de las rocas del Peine del Viento.
Gros surf beach
La playa del barrio de Gros, al otro lado de la desembocadura del Urumea, abierta al mar y con olas casi todo el año.
Bar Bergara
Bar de pintxos del barrio de Gros, con la barra llena de bocados elaborados y una carta corta de pintxos calientes.
Getaria, Spain
Día fuera de la ciudad, por la costa hacia el oeste. Zarautz aparece primero, con su playa larga y el paseo lleno de escuelas de surf, y a pocos kilómetros está Getaria, encajada entre el monte y el puerto. La mañana se va en el pueblo, entre la iglesia de San Salvador, con su suelo de madera en cuesta y el pasadizo por debajo, y el museo Balenciaga, que guarda los vestidos del modisto que nació en estas calles. La comida es el centro del día. Elkano asa el rodaballo entero sobre brasa y lo sirve por partes, así que conviene llegar con hambre y sin prisa. Por la tarde subes a las viñas de Txomin Etxaniz, que bajan casi hasta el agua, para probar el txakoli en el sitio donde se hace. El día acaba en el puerto, andando hacia San Antón mientras vuelven los barcos.
En coche son unos veinticinco kilómetros por la autopista, o algo más por la carretera de la costa, que va más lenta y merece la pena. Sin coche, hay autobuses comarcales desde Donostia que paran en Zarautz y en Getaria. El tren de Euskotren llega a Zarautz pero no a Getaria, así que desde allí toca autobús, taxi o un paseo de unos cuatro kilómetros junto al mar. Dentro de Getaria todo está a cinco minutos andando, aunque casi siempre en cuesta.
Getaria vive del mar y el día del pueblo va con los barcos, que salen y vuelven, y con las parrillas encendidas en la calle a media mañana. El txakoli de aquí es joven, ácido y con burbuja fina, pensado para acompañar pescado y no para guardarlo años. A Elcano se le tiene como algo propio, con estatua y con su nombre repetido por todas partes, porque de este puerto salió el marino que cerró la primera vuelta al mundo.
Getaria and Zarautz
Dos pueblos de la costa de Gipuzkoa a poca distancia de Donostia, Zarautz con la playa más larga de la provincia y Getaria, puerto pesquero encajado bajo un monte.
San Salvador Church, Getaria
Iglesia gótica de Getaria, levantada en cuesta sobre el puerto, con el suelo de madera inclinado y un pasadizo abierto por debajo.
Cristobal Balenciaga Museum
Museo dedicado a Cristóbal Balenciaga en su pueblo natal, con vestidos, abrigos y patrones del modisto en un edificio de vidrio pegado al palacio Aldamar.
Elkano
Asador de Getaria centrado en el pescado a la parrilla, con una estrella Michelin y el rodaballo entero como plato insignia.
Txomin Etxaniz txakoli tasting
Bodega familiar de txakoli en las laderas de Getaria, con los viñedos orientados al mar y visitas concertadas.
Getaria harbor and El Raton
El puerto pesquero de Getaria, protegido por el monte de San Antón, el islote alargado que en el pueblo llaman El Ratón.
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