Rome, Italy
ancient ruins, piazzas, trattorias, golden hour
Rome, Italy
Nublado
Monti se despierta despacio, así que el café en la plaza con la fuente es un buen arranque. A las nueve entras en el Coliseo, que a esa hora todavía se recorre sin agobios. Luego bajas al Foro por la via Sacra, entre columnas sueltas y arcos que llevan dos mil años ahí, y subes al Palatino. Esa colina es la parte más tranquila del conjunto y la que mejor te explica el resto. Desde los jardines Farnesio ves el Foro por un lado y el Circo Máximo por el otro. Comes tarde, a la romana, y la tarde queda libre. Por la noche vuelves a Monti a cenar.
Compra la entrada online. La del Coliseo lleva franja horaria y no admite retrasos, e incluye también Foro y Palatino durante 24 horas, con una sola entrada a cada zona. En agosto no hay sombra en ninguno de los tres sitios, así que gorra, gafas y una botella que puedas rellenar en los nasoni, las fuentes de hierro que hay por toda la ciudad y de las que sale agua potable y fría. Calzado cerrado y cómodo, porque el Foro es tierra suelta y adoquín irregular. La cena de Monti hay que reservarla con días de antelación, el comedor tiene muy pocas mesas.
Todo el día a pie, sin transporte. De la plaza de Monti al Coliseo hay unos diez minutos cuesta abajo. El Foro y el Palatino se visitan sin salir del recinto, y la salida por el arco de Tito te deja a cinco minutos de la trattoria. Para volver a Monti por la noche, cuenta un cuarto de hora de subida por via Cavour o por los callejones. Si un día aprieta el calor, la parada de metro Colosseo, en la línea B, está justo en la esquina.
El cappuccino se toma por la mañana y nunca después de comer, y en la barra cuesta bastante menos que sentado en la terraza. En la mesa te cobrarán el coperto, el cubierto, y es normal. La propina no se espera, con dejar unas monedas si te ha gustado el trato es suficiente. Si pides cacio e pepe, no busques nata en la carta, aquí es queso pecorino, pimienta y el agua de la pasta.
La Bottega del Caffe
Un café con terraza en la piazza della Madonna dei Monti, la plaza que funciona como punto de encuentro del rione Monti.
Colosseum
El anfiteatro Flavio, el mayor del mundo romano, construido para decenas de miles de espectadores.
Roman Forum
La plaza pública de la Roma antigua, donde se hacían la política, la justicia y los negocios de la ciudad.
Palatine Hill
La colina donde vivieron los emperadores, hoy un conjunto de palacios en ruinas con jardines encima.
Trattoria Luzzi
Una trattoria sin pretensiones junto al Coliseo, de carta larga, raciones generosas y precios contenidos.
La Taverna dei Fori Imperiali
Una trattoria familiar muy pequeña en Monti, a pocos minutos de los foros imperiales.
Vatican City
Parcialmente nublado
Prati desayuna pronto, y ese es tu margen. A las ocho y media entras en San Pedro con la basílica casi vacía, subes a la cúpula mientras el aire todavía es soportable y bajas a la plaza antes de que se llene. Sobre las once te toca la entrada de los Museos Vaticanos, un recorrido largo que atraviesa galerías, mapas y las Estancias de Rafael hasta desembocar en la Capilla Sixtina. Comes de pie, un par de trozos de pizza al corte, y por la tarde te espera Castel Sant'Angelo, mucho más tranquilo, con la mejor vista de vuelta hacia la cúpula. Cena de nuevo en Prati.
Hay código de vestimenta en la basílica y en los Museos, hombros y rodillas cubiertos, sin excepciones, y en agosto conviene llevar un pañuelo grande en la mochila para resolverlo en la puerta. Entrar en San Pedro es gratis, pero el control de seguridad va lento y la cola cruza la plaza al sol. La cúpula se paga aparte y hay dos opciones, ascensor hasta la terraza o los más de quinientos escalones. Los Museos se reservan con hora concreta y no se puede fotografiar en la Sixtina. Mira antes el calendario del Vaticano, los miércoles hay audiencia general y los domingos a mediodía el Ángelus, y la plaza cambia por completo.
Todo el día se resuelve andando dentro del barrio. Del bar de Prati a la plaza de San Pedro hay un cuarto de hora largo. Ojo con la salida de la basílica, la entrada de los Museos está al otro lado de la muralla vaticana, en el viale Vaticano, y son otros quince minutos bordeándola. De ahí a la pizzería tienes una caminata parecida, o una parada de metro hasta Cipro en la línea A. Luego bajas hacia el río en veinte minutos por Borgo y cruzas el Ponte Sant'Angelo a pie.
En la Sixtina los vigilantes piden silencio en voz alta cada pocos minutos y no es una formalidad. La pizza al taglio se pide señalando y se paga al peso, se corta con tijeras y se come de pie, sin mesa ni cubiertos. Y el espresso con la taza forrada de chocolate del desayuno es una costumbre local, no un invento para visitantes, se toma de un trago en la barra.
Sciascia Caffe 1919
Un café de barrio abierto en 1919 en Prati, conocido por su espresso servido en una taza recubierta de chocolate negro.
St. Peter's Basilica
La basílica más grande de la cristiandad, levantada sobre la tumba que la tradición atribuye a san Pedro.
Vatican Museums and Sistine Chapel
El conjunto de colecciones papales, un recorrido de galerías que termina siempre en la Capilla Sixtina.
Bonci Pizzarium
El local de pizza al taglio de Gabriele Bonci, cerca de la parada de metro Cipro y de la entrada de los Museos.
Castel Sant'Angelo
Una fortaleza cilíndrica junto al Tíber que empezó siendo el mausoleo del emperador Adriano.
Il Sorpasso
Un bistró y bar de vinos en Prati que sirve sin parar desde la mañana hasta la noche.
Centro Storico, Rome
Parcialmente nublado
Empiezas con un café de barra a dos calles del Panteón y entras nada más abrir, cuando el haz de luz del óculo cae limpio sobre el mármol y todavía se oye el eco. Después bajas al Trevi, que a media mañana ya está lleno pero aún se puede uno acercar a la balaustrada. Comes cerca de Barberini, esta vez cocina de Emilia-Romaña en lugar de romana, y descansas en las horas de calor. Sobre las cinco subes al Pincio por la escalinata de la plaza de España y te quedas en la terraza viendo cómo se apaga la luz sobre las cúpulas. La noche es del otro lado del río.
El Panteón ya tiene entrada de pago, unos cinco euros, y se reserva online para no hacer cola. Ojo con las escaleras y las fuentes, sentarse en la escalinata de la plaza de España está prohibido y lo multan, igual que meter los pies en el agua del Trevi. Reserva la comida, la sala es pequeña y se llena de romanos, y comprueba el día de cierre. Para la cena en Trastevere no hay atajo, ponte en la puerta cuando abran, sobre las siete y media, o te comes una hora de espera en la calle. Rellena la botella en cualquier nasone, hay varios en el trayecto.
Casi todo el día se hace andando. Del café al Panteón hay dos minutos, del Panteón al Trevi unos ocho por callejones, y otros diez de la fuente al restaurante. Después de comer, un paseo suave hasta la plaza de España y la subida al Pincio, que es corta pero empinada. Lo único que no se anda cómodo es el último salto, del Pincio a Trastevere. Baja a largo Argentina y coge allí el tranvía 8, que cruza el río en un momento, o toma un taxi si vais con prisa.
El gran caffè del desayuno llega azucarado por defecto. Si lo quieres sin azúcar, dilo al pedir, luego ya no hay marcha atrás. Se cena tarde, entre las ocho y las nueve, y antes está el aperitivo, una copa con algo de picar. Los carciofi alla giudia de la última parada vienen de la cocina judía del gueto romano, al otro lado del río, y se fríen enteros hasta que las hojas quedan crujientes.
Sant'Eustachio Il Caffe
Una cafetería abierta en 1938 en la plaza de Sant'Eustachio, a un par de calles del Panteón.
Pantheon
El edificio mejor conservado de la Roma antigua, hoy iglesia, con una cúpula de hormigón abierta al cielo por un óculo.
Trevi Fountain
La fuente barroca más grande de Roma, encajada contra la fachada del palacio Poli.
Colline Emiliane
Una trattoria familiar cerca de piazza Barberini especializada en cocina de Emilia-Romaña, no en la romana.
Pincio Terrace
Una terraza mirador sobre piazza del Popolo, en el borde del parque de Villa Borghese.
Da Enzo al 29
Una trattoria minúscula en una calle empedrada de Trastevere, con muy pocas mesas y carta corta.
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