Reykjavik, Iceland
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Reykjavik, Iceland
El centro de Reikiavik cabe en un paseo. Empiezas con el desayuno en Laugavegur, subes a la torre de Hallgrímskirkja cuando todavía no hay cola y bajas hacia el mar por calles de casas de chapa pintada. La segunda mitad del día es de agua: el Sólfar en el paseo marítimo, el vidrio de Harpa y el puerto viejo con sus barcos de avistamiento. Comes barato al mediodía y te reservas la cena buena para la noche. Entre medias hay horas muertas a propósito, para entrar en una librería o sentarte en una cafetería sin mirar el reloj.
Agosto en Reikiavik ronda los 13 grados y el viento hace el resto, así que capas y cortavientos. El calzado cómodo importa más que el impermeable en un día de ciudad. La torre de Hallgrímskirkja tiene entrada aparte y se paga con tarjeta, como casi todo aquí, porque el efectivo apenas se usa. El agua del grifo es excelente, lleva botella y ahórrate comprarla. Y reserva mesa en Grillmarkaðurinn con días de antelación, que en verano no queda sitio.
Todo el día se hace andando. Del desayuno a la iglesia hay cinco minutos cuesta arriba, de la iglesia al Sólfar unos quince bajando hacia la costa, y de ahí a Harpa se sigue el paseo marítimo hasta verlo aparecer. El puerto viejo queda justo detrás. En total no llegas a cuatro kilómetros repartidos en toda la jornada. Si te cansas, los autobuses urbanos de Strætó pasan por Lækjargata y se pagan con la app. Taxi solo si llueve de lado.
En Islandia se usa el nombre de pila para todo, también en los restaurantes y en la guía telefónica, porque los apellidos son patronímicos y no de familia. La propina no se deja, va incluida. Los precios de la cena asustan al principio, es un país caro y no hay truco para esquivarlo, aunque las sopas del mediodía y las piscinas municipales siguen costando poco. Si te da el sol hasta tarde, no te extrañes, a mediados de agosto todavía hay luz pasadas las nueve y media.
Sandholt Bakery
Panadería y cafetería de la familia Sandholt en Laugavegur, la calle comercial del centro de Reikiavik. Hacen pan, bollería y desayunos, y sirven también comidas ligeras.
Hallgrimskirkja
Iglesia luterana de hormigón que corona la colina de Skólavörðuholt. Con sus 74 metros de torre es el edificio más visible de Reikiavik desde cualquier punto del centro.
Sun Voyager
Escultura de acero inoxidable instalada en el paseo marítimo de Reikiavik, con la forma esquemática del esqueleto de un barco apuntando al mar abierto.
Harpa and the Old Harbour
Auditorio y centro de congresos de Reikiavik junto al puerto, con una fachada de módulos de vidrio geométricos que cambia de color según la luz y la hora.
Icelandic Street Food
Comedor diminuto del centro de Reikiavik centrado en dos platos caseros islandeses, la sopa de cordero y el guiso de pescado, servidos a veces en cuenco de pan.
Grillmarkadurinn
Restaurante de parrilla en Lækjargata, en pleno centro de Reikiavik, con cocina islandesa moderna y carne y pescado hechos al fuego vivo.
Golden Circle, Iceland
El Círculo Dorado es un bucle de unos 250 kilómetros por asfalto y sin ninguna dificultad, con tres paradas grandes y dos que son puro capricho. Empiezas en el valle donde se reunía el Alþingi y donde el suelo se está partiendo en dos, sigues al campo geotermal de Haukadalur a ver saltar a Strokkur y llegas a Gullfoss justo después de mediodía. Entre medias paras en una granja lechera a tomar helado y comes dentro de un invernadero de tomates. El cráter de Kerið cierra el día de camino a la ciudad.
Sal pronto, sobre las ocho, y te ahorras los autobuses de excursión en Thingvellir y en Geysir. Reserva Friðheimar con antelación, es lo único del día que se llena. Lleva chubasquero para el sendero de abajo de Gullfoss, ahí el agua pulverizada moja de verdad. Los aparcamientos de Thingvellir y de Kerið se pagan, los dos con tarjeta. No hace falta contratar nada más: las tres paradas grandes son gratuitas.
Se circula por las carreteras 36, 37, 35 y 1, todas asfaltadas y bien señalizadas, así que no necesitas un 4x4. El límite es de 90 en asfalto y de 80 en grava, y los radares están donde menos te lo esperas. Entre parada y parada hay de veinte minutos a una hora. Salirse de la carretera con el coche está prohibido, ni un metro, la multa es seria y el musgo tarda décadas en recuperarse. Reposta cuando tengas ocasión, las gasolineras se espacian mucho en cuanto dejas la ruta principal.
El Alþingi que se reunía en Thingvellir es la asamblea más antigua que sigue existiendo, y para los islandeses el valle pesa más como lugar histórico que como paisaje. Verás la palabra foss por todas partes, que es cascada, igual que jökull es glaciar y vatn es lago o agua. En las granjas del camino se vende skyr, que parece yogur pero es un queso fresco colado, y aquí se lleva comiendo desde la época vikinga.
Thingvellir National Park
Parque nacional en un valle de rift a menos de una hora de Reikiavik, justo donde las placas norteamericana y euroasiática se separan.
Efstidalur II farm
Granja lechera en activo junto a la carretera 37 que funciona además como heladería, restaurante y alojamiento rural.
Geysir geothermal field
Campo geotermal del valle de Haukadalur, con fuentes hirvientes, pozas de barro y dos géiseres, el Gran Geysir y su vecino Strokkur.
Gullfoss
Cascada de dos saltos en el río Hvítá, que cae en escalón dentro de un cañón estrecho al sur de las tierras altas.
Fridheimar tomato farm
Invernadero de tomates cerca de Reykholt que abre sus puertas como restaurante, con las mesas puestas entre las plantas en producción.
Kerid crater
Cráter volcánico de laderas rojizas con un lago de color verde azulado en el fondo, en la zona de Grímsnes, cerca del final del Círculo Dorado.
South Coast, Iceland
Un día largo de coche por la carretera 1 hacia el este, con las cascadas primero y la costa después. Seljalandsfoss se camina por detrás de la cortina de agua, Skógafoss se sube por una escalera lateral y luego el paisaje cambia de registro: promontorio, faro, arena negra y los farallones de basalto frente a Vík. Comes en el pueblo y das media vuelta. El mejor momento llega al final, un baño geotermal junto al mar a las afueras de Reikiavik con el sol bajando sobre el Atlántico.
Bañador, toalla si no quieres alquilarla allí y una bolsa para la ropa mojada, porque en las dos primeras cascadas acabas empapado. Chubasquero de verdad, no un cortavientos. Reserva la franja horaria de Sky Lagoon al comprar la entrada y cuenta unas dos horas dentro. Come en Vík aunque no tengas mucha hambre, que entre el pueblo y la capital hay poco abierto. Y mira el parte de road.is antes de salir, los avisos de viento aquí se cumplen.
De Reikiavik a Seljalandsfoss hay unas dos horas. Desde ahí a Skógafoss son unos treinta kilómetros y a Dyrhólaey otros veinte por un desvío corto que baja hasta el mar. Reynisfjara y Vík están a diez minutos la una de la otra, aunque haya que rodear el monte Reynisfjall para pasar de una a otra. La vuelta desde Vík hasta Kópavogur son dos horas y media largas, así que sal del pueblo con margen para llegar puntual a la laguna.
En Reynisfjara el aviso de las olas no es un formalismo, hay un semáforo de riesgo en el aparcamiento y ha habido accidentes mortales, así que quédate en la arena seca y de cara al mar. En las piscinas y lagunas islandesas hay que ducharse sin bañador y con jabón antes de entrar, con carteles que indican zona por zona, y es una norma que aquí se toma muy en serio. El pueblo, por cierto, se llama Vík í Mýrdal, aunque todo el mundo lo abrevie como Vík.
Seljalandsfoss
Cascada de unos 60 metros que cae desde un antiguo acantilado costero, con un sendero que la rodea por detrás.
Skogafoss
Cascada de unos 60 metros de alto y 25 de ancho en el río Skógá, en el borde de las tierras altas del sur.
Dyrholaey
Promontorio de unos 120 metros en la costa sur, con un faro en lo alto y un enorme arco de roca que se adentra en el mar.
Reynisfjara black sand beach
Playa de arena negra al pie de un acantilado de columnas de basalto, con los farallones de Reynisdrangar levantándose del mar enfrente.
Halldorskaffi
Restaurante de Vík í Mýrdal instalado en Brydebúð, uno de los edificios más antiguos del pueblo, con cocina casera islandesa.
Sky Lagoon
Laguna geotermal al borde del mar en Kársnes, Kópavogur, con borde infinito hacia el Atlántico y un circuito de sauna, vapor y agua fría.
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